La convocatoria de concentración en la acera frente a la Delegación de Gobernación había sido cursada, por la Asociación de la Prensa de Málaga, con suficiente tiempo como para que las agendas la tuvieran prevista. El recordatorio posterior se hizo de modo que nadie pudiera alegar ignorancia. La Web de la APM lo tenía colgado desde días antes. Y pese a todo apenas un centenar de periodistas se reunió en la mediana de la Alameda Principal, junto a paradas de autobuses y kioscos de tabaco y prensa. Es un oficio muy especial, este de periodista. Están en los aledaños del poder. Algunos lo tocan e incluso lo detentan brevemente. Se rodean de gentes poderosas. Comen en sus mesas y les ríen sus chistes. Pero no pertenecen a esta clase. Son sencillamente la canalla con la que conviene llevarse bien. Esto ha generado una casta de intermediarios y correveidiles que hace muy difícil que algo tan simple como es reivindicar una cierta estabilidad laboral, unas retribuciones justas y que se deje de abusar de la figura de los becarios/as se hace una misión imposible, o al menos de momento utópica.
La relación, de dependencia mutua, entre los medios con los poderes políticos, económicos y fácticos de las ciudades, autonomías y estado han creado un status quo que nadie se atreve a desequilibrar. Los sindicatos no desean enfrentarse con los dueños de los medios, los políticos tienden sus cheques en forma de publicidad institucional, los intelectuales no quieren enemigos en un ámbito tan poderoso que puede, si no arruinar su carrera si al menos amargarles los desayunos con críticas y comentarios. Y en general todos se quieren vender a través de los medios con una u otra finalidad. Y en medio de todos los periodista-currito recibiendo palos, querellas y mal pagados. Alguien con talento debería tratar este tema con más profundidad. Lo único cierto es que el pasado jueves 12 de marzo de 2009 apenas había un centenar de periodistas en la mediana de la Alameda Principal. Ya nada que hagan las empresas contra este gremio nos da derecho a rasgarnos las vestiduras.
J.A.B.
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